domingo, 23 de diciembre de 2007

Carta a mi energía


Un día desperté de una terrible pesadilla. Y luego me encontré abrazando a un hombre. Todo él me resultaba magnífico. En ese instante no reconocí del todo la realidad, pero el calor de un cariño que permeaba el ambiente presente me calmó. La pesadilla me dejó exhausto y tratar de recordarla me generó un dolor de cabeza.

El cuarto estaba iluminado de manera tenue por un color rosa. No había cortinas y la noche anterior había improvisado de alguna manera una forma de cubrir el cuarto con una manta roja. Se veía raro, aparentaba estar en otro lugar en el que por las mañanas, no había exceso de luz matutina que me deslumbrara, como era costumbre. El hombre a mi lado se despertaba por percatarse de mis movimientos matutinos. Recordé su nombre, su piel, su pelo y mi estimación hacia él: amor. Esos conceptos carecían de importancia cuando veía como se movía. Todo él, delicado, somnoliento, sonriente; acurrucado en una orilla de la cama, su lugar, la orilla que da a la pared. Luego, sus labios, y seguido de ello, la necesidad de besaros, de percatarme que había despertado y que no estaba soñando todavía. Sus manos, mordisqueadas por ese tic nervioso que tanto me molesta porque me recuerda cuando yo lo tenía. Su pecho, cómodo y acogedor, con esos pelos que tanto me reconfortan.


Desperté en un lugar ajeno a mí, ajeno a lo que me recordaba ese mal sueño, ajeno al pasado. Un lugar en el que las cosas aparentaban no estar pasando, increíbles, sensatas y muy placidas: tranquilas. Este lugar me hacia dudar de su veracidad, parecía más un sueño que aquella pesadilla. Era como el final de una película en la que los protagonistas habían llegado por fin a reencontrarse. En contraste, me recodó también a los inicios de otras películas, en las que alguno de los dos protagonistas se encuentran con algún suceso que les plantea una dificultad, y penetra su relación. Pero no, nada pasaba, todo se quedaba en su estática burbuja rosa (literalmente, por la roja cortina improvisada). Aprovechando aquel perfecto instante, le dí un beso a mi chico, y que susurré que lo amaba.

Después, volvía despertar y recordé que ese día tenia(mos) cosas que hacer. Suspiré y traté de dormirme otro rato, para descansar más. Estaba todavía un poco adormilado y mis emociones reprimidas de aquel sueño gobernaban. Pasando el día, hubo que separarnos, uno a sus cosas y el otro a las suyas...

Y ese sueño, me persiguió, abandonó mi mente, y mis recuerdos, pero alli estaba, en ese sentir vago y nefasto que me absorbía como una sombra que me acechaba. La vida se tornaba con una inseguridad que me impedía tomar de un agua pura, de un ser amado, de un sentimiento deidificado. Y sin embargo, los recuerdos de aquel malestar persiguen como una cicatriz o un tatuaje, como una maldición gitana que no se cura hasta que apareces, y lo despejas todo.

Me duele mucho, a veces quisiera vivir con otro signo, con otra carga, pero incluso mi cuerpo me la pide. Hay un vicio que me domina y yo me castigo por el sometimiento al que me entrego, quizás me exijo demasiado. Y el pasar de los días, y el compartir las cosas, y el sentir que me desvanezco con tu mirada, es un agua terapéutica que me quita lo nublado de la cabeza, que construye a la par de construirnos. Nos vamos juntos a un mismo lugar con nuestros sueños y pesadillas, nuestros fracasos y fantasmas poco a poco huyen de aquí, y los que ahora hacemos, no aparecen todavía porque no dejamos que lo hagan.

Construimos constantemente, cimentamos muros, y cascadas de placer, alimentamos a los pájaros que se acercan a nosotros para que con sus alas nos susurren ideas, sentimientos, emociones o pasiones con las que descubrimos los días en los que proseguimos. Defendemos distintos ideales bajo una misma corriente: aquel rojo de vida que no violenta, aquel espejismo que hemos soñado y creemos posible. Y por ello, conforme el caminar de nuestros pasos, oigo evidente a la pandemia de recuerdos tristes acuchillados o rebanados, entiendo lo profundo de las adicciones a lo cotidiano, lo humano, me espanto con narraciones escabrosas de personas que después de enamorarse mueren en vida, torturo a mi corazón pensando, haciendo que me domine el cerebro. Pero sigo, por muchos porqués que no valen mucho, porque no me asfixio y porque no me espanto, porque no me da pena decirte que te amo, ni que siempre es un placer amanecer a tu lado, y deslumbrarme ya sea por la falta de cortinas en tu ventana, o por ti: un sueño hecho energía que me delata, que me descubre, que me permite. Nos permite.

viernes, 21 de diciembre de 2007

Fotografía - Jumbo



Mi vida entre fotografías se guardan y se olvidan
Porque dicen la verdad, dicen la verdad.
Alguna vez oí decir que la vida (es) una película...

El curso de los días lleva a la melancolía,
como las olas del mar...como las olas del mar.
Algunos días sí te estiran y atormentan tu armonía,
pero con la calma se van.

Y cuando somos fuertes,
Nos devora el temor de seguir.
Cuando soy más débil:
así, así, así

El tráfico de la ciudad es la versión moderna
de las estampidas de carácter animal,
de carácter animal.
El navegar las avenidas es como aquel horrible día en que
todo sale mal.

El tiempo que contamos y que sobrevaloramos
de alguna manera viene y va.
Siempre viene y luego va.
A veces en la tarde cuando salgo por la calle
me pregunto en dónde estás

Y cuando somos fuertes,
Nos devora el temor de seguir.
Cuando soy más débil:
así, así, así...


El curso de los días lleva a la melancolía
como las olas del mar.
Como las olas del mar.
Algunos días se te estiran y atormentan tu armonía,
pero con la calma se van

Y cuando somos fuertes,
Nos devora el temor de seguir.
Cuando soy más débil:
así, así, así, así, así....

Mi vida entre fotografías se guardan y se olvidan

viernes, 14 de diciembre de 2007

Grito a lo otro


El día de hoy quiero ser claro, quiero hablar ante ustedes con toda mi sinceridad y con toda mi fuerza, quiero decir que siento, que vivo, que estoy aquí, rodeado de un todo que no me deja en paz. Vivo rodeado de un todo que me dice cosas, secretos, pequeñas acciones que son completamente visibles pero invisibles, evidentes y que a su vez, esconden en cada una de ellas una pequeña incógnita que me desafía a entenderla.

Vivo en el mismo suelo, como de la misma tierra, tomo de la misma agua. Soy de una variedad y formo parte de toda ella. Me defino como lo poco que hace mucho, pero que no es nada pese a ser una labor interminable. Soy un pequeño infinito rodeado de un a cantidad incontable de otros pequeños infinitos, la célula de un cuerpo humano, el grano de arena de la playa, el kilo de tierra de la montaña, un estrella en toda una galaxia, el suspiro de lo que pueda estar más afuera, el límite o el punto.

Converjo en mis entrañas y comparto mis sentimientos. Pretendo que para cada uno de mis recuerdos se viva un respiro o una mirada. Me expongo a los momentos inadecuados con personas inadecuadas, y vivo con ello para adecuarme a la vida, porque lo más adecuado nunca te enseña cosas de la esencia, o de la naturaleza. Me rodeo de gente que me concierne. Me rodeo de ideas que me complementan y me debaten. Me rodeo de ciudad y de pasto, de atardeceres rosados con un concierto de cláxones en pleno tráfico de Periférico. Me intoxico de la ciencia, me drogo con ella sin volverme adicto porque solo alucino, y mi alucine lo guardo para compartirlo. No me hago daño, me despierto sudando porque he pensado el origen del universo, o lo he soñado y me emociona tener toda esa clase de pensamientos e imágenes tan bellas. Me detengo a mitad de mis caminos comprendiendo mis clases, los conceptos académicos. Convulsiono cuando abraso a quien amo.


Soy humano, un ser que comete errores y que corrompe, también corrompí y soy corrupto. Así es la humanidad, y con ella cometemos muchos errores, todos los que son posibles y por eso han existido. Me dan orgullo mis errores, porque de ellos aprendo, me agrada ser científico porque de ello también aprendo los errores del humano. Me gusta ser humano porque me doy cuenta que cada día tengo una oportunidad, que cada día se aprende, o de menos se respira de nuevo. Me gusta el sol en invierno y el frío de la lluvia en verano. Me acurruco antes de dormir pensando que quizás mañana no amanezca, o que pueda despertar en un mundo diferente. Me entusiasmo al saber que si, cada día, el mundo no es estático, y sigue moviéndose, a muchos lugares. Quizás no a lugares que me gustan, o que me convienen, pero finalmente, que nada es estático, que todo se mueve y que sigo vivo.

martes, 4 de diciembre de 2007

Gali the aligator



Conejito desojadooooo!!!! :D

Here comes Gali the Alligator
He's a puppet decimator
Little birdies chewed to death
You can smell blood on his breath

Cuddly bunnies live in fear
And he'll pull off their fluffy ears
Better stay off of his path
You want to escape his wrath