lunes, 24 de septiembre de 2007

Crisis Creativa

Bha... lo admito, llevo más de veinte días sin terminar de escribir algo decente para publicarlo. Este blog tiene una crisis creativa horrenda... en fin... a ver si puedo hacer que sobreviva...

domingo, 2 de septiembre de 2007

Mis cuatro demonios, mis cuatro estrellas


El viernes escribí una carta a mi cuarto demonio. En ella, lleno con palabras todas mis funestas situaciones en crisis con respecto a él. Le uso de chivo expiatorio como lo he hecho con otros tres, que al igual que él, siguieron un camino diferente al mio y alejados de aquel interés que pudo unirnos: una fantasía de comunes denominadores que detonaban las ilusiones más primitivas, las esencias mas ecuánimes entre sí, comunicadas por otras letras, otras acciones y otras miradas; esas plenas interpretaciones allegadas a los astros en vida, que ahora ya hacen en un panteón nocturno arriba de nosotros, alejados, rodeados de vacío.

El primero de los cuatro, fue uno que ya no vale la pena nombrar siquiera. Para mi significó el descubrimiento de esas luces en el cielo. Resultó de mis pubertos 13 años, quizá tendría 14. En sus ojos había una mirada de desconsuelo mezclado con apatía. En su ser, una baga y clara indiferencia. Estuve pensando en él casi durante 5 años, de manera poco constante durante 3, y al cuarto año, cuando entendí que podía sentir, lo sentí fuerte porque fue lo primero en mi vida en ese estilo. Desde luego que su miedo a ser un humano era reflejado por todos lados y terminó hartándome dos años después de haberme enamorado de él. A él le dio miedo conocer el amor de un hombre y huyó, no sin antes convertirse para mi, el ejemplo de lo que me gusta de un hombre (al menos las cosas gratas que tenia como persona).

El segundo paso hace mucho tiempo y no hace tanto. El Duaredo inolvidable. En él entendí mis errores y a partir de él renuncié a mi, me abandoné y comencé a ser uno nuevo. Su rechazo hacia mi por no se qué, hizo que yo tuviera que llenar con errores mi vida ya llena de estupideces. En consecuencia de ello, estuve con Lobo y Héctor, dos tropezones, de los cuales, las rocas me dejaron heridas mas grandes, pero de una saqué una bella amistad (como cuando te caes y casi te matas, pero te encuentras una moneda de un peso en el suelo que en el futuro se convertirá en una fortuna indescriptible).

El tercero era un humano que sabía la verdadera forma que tenemos, demonios. A Arián lo amé por una noche, y el me amó por una noche. No fue el alcohol, no fue la concordancia de nuestros pensamientos. Esa era una sensación mutua, y se conectó esporadicamente, se hizo en un instante y luego huyó. Él, al igual que el primero, no pudo entender que dos hombres podemos amarnos y vivir. La vida es así. No hubo más que esa sensación irrefutable cuando nos lo preguntamos, y por eso persiste en mi mente, como el amor de una noche, como el amor que pude tener con las palabras que hacíamos, y los rincones que exploramos, los más recónditos de nuestras almas, sin siquiera tocarnos, sin siquiera besarnos; ambos comprendimos que nos amábamos, y que por un solo instante brotó en nosotros esa sensación mutuamente, un instante solamente. Luego, de él y su mirada solo quedaron recuerdos, no me interesa volver a verlo.

Luego, en enero hubo un cuarto. Y allí acaba la historia, porque empezó él, lleno ante mi de una esperanza indescriptible, de un corazón recién salido de una oquedad, recién salido de vicios destructivos y conductas dementes.

Me salvaste la vida sin saberlo, y me haz matado un par de veces. Tú no lo sabes (o quizás si), porque cuando quieres a alguien de esta manera siempre buscas que su felicidad sea sincera hacia ti, y que no obstante, no sea ni siquiera dirigida una palabra, todo lo haces de lejitos. Pero las cosas no tenían que pasar así, como yo quería. Tu ya elegiste a alguien, y así estás bien. Así me lo demuestras con lo que haces, y así te dejo, como el cuarto que iluminó mi vida, como la estrella recién encontrada en una noche que se ha acabado.

Será hasta la próxima noche, porque es nuestra la noche y su indecencia.

P.D. tomaré prestada la foto de tu pez muerto... cómo se llamaba? A veces creo que tu te sientes así.