martes, 20 de mayo de 2008

Llamado a la traición (Tercer Llamado)


Y es que naces traición, porque uno está ciego, porque uno quiere a otro, porque uno se afana, porque uno confía, cree y ama.

El viento de un día cualquiera puede ser el último para aquel que ha sido traicionado. El sol, las aves de la mañana volando a donde siempre; todo apuntando a cualquier cosa termina siendo una envestida en el alma, en el corazón, en la vida.

Cuando uno es traicionado se le arrebata todo derecho, se le deja desposeído, inseguro. La realidad se mueve, se trastorna y adquiere colores que no son gratos, tintes que manchan las visiones. Entre las vestimentas desgarradas de lo que queda del alma, se hayan explicaciones irracionales y fantásticas negando lo acontecido, engañándose sin sentido, porque es más fácil creer cosas increíbles que aceptar la traición. Las voces, los señalamientos al pasado, las explicaciones; todo es confuso cuando el acto pasa, cuando alguien te ha traicionado.

De traiciones en la vida solo se pueden hallar pocas. De fantasías mitomanías creadas como parches para solventar realidades hay muchas. De las traiciones, las que mas se viven son la de los hermanos, sean de sangre o sean de hueso: de esos seres en los que se confía absolutamente después de la madre, de esos seres de los que se sabe un pensamiento mutuo, un cariño un sacro y limpio, ese que allí está, y se ha quedado con uno algo de tiempo, tiempo de una vida compartiendo. La traición de un hermano mata. Pierdes una vida que habías construido con esa persona, y adquieres un duelo que te impide seguir por algún tiempo. Esas heridas son de las que no sanan, y si sanan, dejan cicatrices dolorosas que pueden volver a sangrar con facilidad. El traicionar pasa porque la locura acontece, porque el rencor se acumuló o porque la envidia carcome, no solo establece la rotura de un lazo, crea el inicio del odio, y la búsqueda de un perdón que es complicado de encontrar.

Cuando uno ama no traiciona. Cuando uno es padre no traiciona. Las madres no traicionan.

Si tu hermano te traiciona y no lo odias nunca, él no te traicionó, te haz traicionado tu.

jueves, 8 de mayo de 2008

Llamado a la corrupción (Segundo Llamado)


Ente voraz, ente que muerde a medias, ente que come de costillas ajenas:

Eres tu, entre todos los que te persiguen el que más tranza haces, pues ni de ti mismo te defiendes.
Caminas triste pero lleno, casi vomitas a toda hora, pero tu avaricia te lo impide. Guardas hasta tus pasos, corres hasta en tus vuelos. No dejas, obligas. No sueñas, impones.
De tu alma solo quedaron tapujos, y de tu espíritu se formaron fábricas de mentiras, acciones desleales, visiones viles, pasiones superfluas. De tu cuerpo, no hay mucho que decir: hiedes a sangre humana, sudas a todo momento, generas asco.

Y así, sin más, de tu aliento a muerte y a falsedades, cobijas a quienes te alimentan, vives porque da igual y porque te da la gana, porque dentro de ti, una vana moral te impide suicidarte, un escudo de falacias y fe te no lo deja, no oyes a la muerte cantar a tu oído cada noche porque ves las noticias. No deseas la muerte porque la desconoces completamente, aunque en el fondo, ya no hay razón para que tu existas, no una razón personal, no una razón fundamentada en tu vida, sí una razón ajena y que te domina porque te haz vendido para perderte entre falsedades. Y de tu vida se puede decir poco, casi estás muerto, porque aunque pises con tus zapatos de boutique y te vistas con las mejores telas, caminas siempre al mismo rumbo, un placer inmediato que ya no te llena, que ya no puede llenarte, porque estas atascado, porque lo tienes todo y no tienes nada. Vives bien muerto porque quien se dice vivo disfruta la vida, y tú de esa palabra no conoces nada. Más bien, no quieres darte cuenta, no lo admites porque tu adiestramiento económico te dicta que siempre hay más, que siempre puedes consumir y consumir y consumir y consumir y consumir y consumir... No volteas a tu alrededor, tu tristeza te lo impide, tu vanidad te golpea si lo haces. Y aunque lo hagas, ya no puedes detenerte. Haz perdido todo y por eso siempre quieres algo. Haz entrado en una nada, eres un hombre gris, uno más, uno que es señuelo de otro que va a comerte, que va a desplazarte. Te crees confiado pero sabes que tu fin se acerca por cada día de favores prestados que haces, porque cada favor es una puñalada en tu espalda, una muerte en el entorno, un sufrimiento para quienes creen en la inexistente justicia.

De ti ya no queda mucho que decir, pues hay muchos como tu y en todos lados. Le funcionan muy bien al sistema, al cinismo y al poder que sólo quiere -como tu- más poder. Sólo sería redundar su digo tu nombre: Corrupción