lunes, 28 de abril de 2008

Primer llamado


En un tiempo en el que el sol no sale cuando hace mucho sí salía; en un lugar como este planeta, en el que las cosas se revuelven dando vida a otras más complejas; en un país como éste, en el que las cosas más claras son las que certeramente son más turbias, aquí, en tierra de nadie pero en la que todos vivimos, nacen gritos:

Gritos fuertes que construyen escalinatas de antiguos templos de culturas ancestrales y esencias deificadas. Gritos incansables que construyen las paredes de una tortura colonial venerando a un dios todo poderoso -con pequeños deidades disfrazadas de santos-. Gritos de engaño disfrazados de independencia y gritos de estafa revolucionando la supesta soberanía y tierras libres. Luego, cuando los gritos no bastaron, cuando los gritos se acabaron porque al pueblo se le reventaron las cuerdas bucales; cuando la sangre de millones no llenaba la panza del infeliz, del inconsciente, comenzó el llamado "progreso": ladrillos de nacionalismo que disfrasaron con un muro realidades espantosas, un papel celofán tricolor bonito que engañó al aspirante explotado para que diera mucho más de lo que su voz y su sangre le pedía. Acá, en la tierra de nadie, en el ombligo del planeta y de la luna, el sol dejó de salir hace mucho tiempo. Acá, en la tierra de las serpientes emplumadas y la virgen morena, las presencias de la vida cada vez se entorpecen más, cada vez lamemos mas culos, cada vez tenemos menos dignidad, menos certeza, más pobreza y menos equidad.

Aquí, las voces desaparecieron y justo cuando nuestra sangre hierbe nos aplastan, porque ahora quienes somos disidentes somos tachados de terroristas, así como antes los tacharon de herejes. Aquí, el susurro que queda del pasado está opacado por gritos de chismosas impertinentes, de panteones inconfundibles. En este lugar, las plazas se tapizaron con muertes, con lluvias de metal enardecido, con miedo, con mentiras. En esta tierra, la esperanza ya casi desaparece, y los beneficios de la modernidad y los triunfos generados por las vidad de tantos, ahora son herramientas para vender en las tiendas de moda: la lucha social se volvió un brazo del capitalismo, un icono masivo de mercadotecnia que es principalmente llamado revolución y rebeldía.

Ahora, el borde se maneja con precipicios, lo extra y lo que sobra, ya no se quiere porque es pobre, porque es naco: todo eso es lo que menos importa. Ahora, los tabúes son como engranes y los prejucios son los cañones, las mentiras actúan como escudos y los humanos como entes sin alma. Nos pisamos y nos mordemos por dinero, nos odiamos por estar gordos y no por consumir mierda, nos calcinamos con nuestras calumnias por inseguridad. Ahora, es abundante el miedo y la torpeza, somos mediocres y temerosos de que nos quiten nuestro pequeño y miserable estátus, nuestras "posesiones", nuestros coches y nuestros impuestos de primer mundo; cuando vivimos en uno abajo de tercero con pinturas de Frida Kahlo y un novel de quimica.

No obstante, no hemos muerto. Nos han quitado la voz, nos han torturado por cientos de años, nos han humillado con la pobreza y hasta quizás han matado nuestra identidad, pero con todo eso, aquí estamos, aquí seguiremos, la sangre lo hace, y con ella se ha construido el México en que vivimos.