jueves, 18 de octubre de 2007

Del amor, del que no nos damos cuenta


Hoy leí y confronté.

La lluvia precipitada y no esperada por mi conciencia retumbaba como un solo sonido, como una sola música. El relieve del edificio y las goteras de la zotehuela retumbaban como percusiones satíricas. Los chorros de agua que caen de pisos superiores a la canaleta de mi patio suenan como un chorro de agua azotándose en el pavimento (eso es).

Mi vista, algo atrofiada, se reposa en este ambiente y comienza a vagar por lugares, por espacios, fluye en este inmenso mar que llamamos Internet, y se aloja en cartas pasadas, en memorias recurrentes, en caminos olvidados. No hay resentimientos, hay recuerdos, amenos, amargos, nostalgias, pesares de remembranzas abstraídas. Hay vida, y muy personal.

Mis letras se detuvieron un instante, quedaron perplejas, y se percataron que su vicio se había vuelto la demencia de reclamar al vacío, de encontrarse solas en un lugar mas solo, en una circunstancia inadecuada, en una visión de media noche que solo llamaba a quienes no me correspondieron, a quienes mi despecho definía, o a quienes dije alguna vez haber amado.

Acá, en el mundo de los vivos, me he decepcionado. Esa decepción es una protesta, y una lucha, y un arreglo, y una lógica, y un sentir. Es como cuando me decepcioné al tener sexo por primera vez, cuando creí que era verdad eso de estar viendo un alucín por la penetración, cuando creí que mi organismo podría tener algo diferente a un orgasmo, algo mejor que un orgasmo; es como cuando descubrí que el sexo por sexo es menos placentero que masturbarme imaginando o viendo pornografía.

Ahora, unos me dicen que el amor es esto o aquello, o que mis acciones hablan de un amor. Yo digo, yo grito: ¡A mi nadie me dice de mi amor, porque soy el único que se sentirlo! Mi amor, el que siento, es a todos los niveles. Amo al humano (y detesto a la humanidad), amo a mi entorno (y no lo comprendo, y también lo aborrezco, pero amo interpretarlo). Amo a mis amigos, mis hermanos, amo a quien pueda porque eso soy, amor. Lo que la gente no entiende, y por eso luego malinterpreta, es que cuando un acto de amor se corresponde, es como cuando se siembra una semilla; y cuando se vuelve a corresponder, es como cuando esta semilla brota, y así pasa, y puede crecer lo que sea, lo que la gente que riegue se permita.

Habrá gente que me odie por hacer esto, y en un futuro se podrá malinterpretar, pero es necesario que se entienda:
Para mi, el amor, no como definición, como aplicación de la existencia, es la unidad en el motivo de nuestros actos. La gente hace lo que hace porque lo aprecia, y porque a cada una de sus acciones hay un motivo que ellas aman. El motivo principal puede ser un anhelo, o una forma de vida, o cosas miserables y asquerosas, pero es lo que la gente ama. Así sea un adiestramiento de lo que debe de ser amado, así sea una lucha por obtener algo que se ha impuesto, la pequeña causa de la vida, es la manifestación del amor. Desde luego que hablo solo de la vida humana, ya que es la única que puedo interpretar a estos niveles. Sería muy ostentoso de mi parte afirmar que en organismos vivientes como la galaxia tienen amor en sus estrellas, y no porque no lo sienta, es más porque no dudo que el amor que siento es de humano y solo puedo entender ese amor, cualquier otro que pretenda sentir, sería una esencia para la esencia, algo lejano a mi entendimiento (tanto sentimental como intelectual).

Esto, principalmente esto, se podría pelear con una idea que yo desde siempre manejo, que es la disyuntiva entre el amor y la felicidad. Para mi, el objetivo de todo ser humano es sentirse feliz, y el objetivo de la vida de todo ser humano es vivir. Aquí no hablo nunca de amor. Hablo de que la justificación de nuestros actos ya hacen en una unidad pasional, a la que yo defino como amor, en todas sus disyunciones, en todas sus locuras, hablo de un amor instantáneo, que varía en tipos e intensidades, hablo de una especie de catalizador de nuestras decisiones más profundas, hablo de un ente variable en su ser y constante en su parecencia. No hablo de un amor como aquella estructura deificada por la cual los románticos morían, o por la cual gente se ha desvivido durante eras. No hablo de una pasión absoluta, una pasión de pasiones, no hablo de un motor de vida, hablo de un consecuente de la vida. Simplemente, al ser humanos y al vivir, hacemos las cosas por amor.

2 comentarios:

  1. Despues de lo leído, sólo me resta decirte que sí... que vivamos, viviendo y amando, que asumo lo que quiero que me interpele de tu reclamo y que agradezco el amor compartido en cada interaccion vivida.

    Rodrigo

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  2. Intrincada red que los humanos tejemos... nudos de vivencias, olvidos, memorias, nostalgias, desamores. Al vivir tejemos y la cuerda es el amor, como dices, consecuente, no motor.

    Abrazos.

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