Tu que te escondes y en el alma te corrompes, de ti nace el pánico nuestro de cada día, y entre tu selva de mentiras, naces miedo por tener que existir a toda costa.
Sin ser secuaz de un acto providente, naces miedo por tener que vivir a toda costa. En cuanto el sol sale por el alba, naces miedo al día restante, entre la capas de smog e ignorancia, e insensibilidad e intriga de volver a voltear cada mañana al sol sin miedo. Naces caminando cuando nos apretamos de gente por donde volteemos, naces al convivir encerrado en un cajón de dos por dos durante todo el día en una oficina muy productiva. Naces al ver al jefe, al comer con la amiga, también al ver el rostro del mesero y de los otros seres con miedo de verte, porque eso eres, miedo, y de dolor te alimentas. Naces miedo al ver la tele, pues es tu madre pregonante, creces miedo y te vuelves pánico cuando vemos las notas de la noche. Eres huérfano de padre, pues de un infarto lo mataste cuando te vio al nacer, y sin embargo, tienes un padre gobierno que a cada rato se acuesta contigo, no deja de violarte, y a través de ti, miedo, viola a toda la gente.
Cuentas cartas de aspiraciones persistentes, compruebas cada dívaa que de tu alma sueltas dotes, canciones inexistentes, pasiones descontroladas. Tu muerte es como tu ingenio, con talento tan amplio que hasta de ti te escondes. En tus reflejos solo se ven los ojos y las expresiones de quien se sumó a su tormenta y terminó en martirio propio. Rostros desesperados, ojos que buscaron a toda costa una luz que nunca les fué enseñada, engaño diurno y pasión nocturna, pues miedo, naces de las acciones más modestas y te compones de las más complejas.
Para ti miedo, sólo hay que decirte lo cobarde que eres, miserable en tu ser, vulnerable en tu alma. Tu fortaleza depende de la podredumbre de otros, pues miedo, en tu carroña te quedas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario