
Me perdí en un camino no encontrado, y afuera, la ciudad se mata constantemente. Me encontré perdido en el regazo de una prostituta enferma, abnegada, olvidada y emborrachada de esas imágenes de tristeza. Y afuera, los recuerdos de un amor olvidado, de un destazamiento de mi corazón, ahora casi muerto, olvidado. Persuadí a mi alma a no venderse, le dije a mi cuerpo que le ayudara a mi alma, asumí que mi cuerpo es lo mejor que se puede vender en esta vida, es lo único que queda frente a todo lo demás, ante lo otro, es la edecán imbécil que solo sabe decir unas palabras. Me di cuenta de que no me odio, no le odio no odio a nadie. Ahora mi cuerpo me reclama mi tremenda responsabilidad, mi alma me exige no sobre protegerla, mi espíritu me menciona que la tarea de la voluntad, desiste siempre que separas las cosas y no les das un significado propio, ajeno al de los demás, personal.
Camino por estas calles, me lleno de lagrimas por dentro. Mi furia y mis deudas han desistido salir por mis ojos, y porque se que aveces no hay otra salida, un par de lagrimas salen a medio día, en medio de la nada, solo un par de ellas en medio de un grito-aullido, en medio de un desierto lleno de vegetación, asfalto y metal ambulante; mi ultimo lamento, mi ultima esperanza. Camino recostado en el cielo de mis fantasías, camino revolcando ilusiones y demencias, ego y otras evasiones que me recalcan mis carencias, mis problemas, mis creencias. Camino llegando a ningún lugar, solucionando poco, esperando que la vida me responda, esperando que la vida no me deje solo, aislado, sin nada a mi al rededor.
Me aferro a mis tropiezos a mis heridas, me aferro a lo que no me parece onírico porque me hace discernir de ello, me hace saber si no estoy en mis sueños; me aferro a aferrarme porque no hay otra salida, no hay otra forma de saber si estas vivo, y eso siempre lo dudo. Me dejo ciego, me dejo insalubre, me hago siempre algo para recordarme las cosas, para poder entender a mi alma, para no sentirme solo. cierro los ojos y trato de ver si cuando los vuelvo a abrir, las cosas ya cambiaron, concentro mi energía en mi mano y la mando lejos, como un mensaje, como quien tira una botella al mar pidiendo auxilio. Me recuesto en la arena, y espero que toda esperanza se recupere, que me den ganas de seguir viviendo. Me aferro a esperar que quiera seguir cansado, que quiera seguir sufriendo.

Mi motor, sin gasolina. Mi gusto, cada vez mas lejano a mi capacidad a mi saber. Mi entorno, poco a poco se desvanece, se queda ciego, no me mira. Aquellos, han desertado de mi vida, me han dejado. Y sin embargo, no estoy nada abandonado, no me siento así. No me quedé sentado esperando a nadie, suelo ser muy impaciente, pero soy de esos impacientes que esperan una hora, dos, quizás tres o cuatro, quizás un día, o una semana, o quizás nueve meses. Ya no, no espero a nadie, y por eso deambulo en este desierto, esta jungla de piedra tóxica, este cuerpo con venas de metal, con bacterias de carne y hueso que deambulan también por la calle, sin alma ni corazón, sin capacidad de ver fuera de sus obligaciones, en sus sueños, en sus deseos. Deambularé también en estas venas, en estas células de concreto y metal, para conseguir un poco de capital, para poder dejar de tener poder, para dejar de buscar a mis sombras. Dejé ya a esta sala a la que nunca llegaste, a la que nunca quisiste voltear.
A veces uno cree cargar fantasmas que en realidad son ideas que uno ha ocntruido porque los verdaderos estan donde quieren no donde los tenemos; sin embargo nosotros nos aferramos a que estan sobre nuestros hombros y lo unico que hacemos es cansar nuestros cuerpo y cansarnos a nosotros mismos. Uno es su cuerpo y su cuerpo es lo visible de nuestra historia, la pregunta es ¿que pasa si vendemos nuestra historia?.
ResponderEliminarNO hay quien deserte a uno, es uno el que deja de ser quien el otro conocio y por ende no esta mas pues ese se relaciona con lo que uno ya no es, con lo que uno fue. Y sabiendo que siempre cambiamos, pues debemos saber que siempre habrá quienes esten y quienes se queden con lo que fuimos.
La soledad es una construccion social, que nos convence de que no nos tenemos a nostros mismos, cuando sobrepasamos ese prejuicio logramos estar siempre acompañados y es entonces uando podemos dejar de pensar en nosotros (yo) para empezar a pensar en nosotros (nosotros).
Rodrigo
P.D. no puedo negar mis emociones y desde ahi tambien escribo. porque no pienso negarme.