Ayer hablaba con mi cousrada accerca del dadá. Las cartas decian que soy inteligente, pero yo sólo pienso que pretendo serlo de vez en cuando. Hoy me desperté a las ocho de la mañana porque un fulano al que no conozco y no ubico me hablo para no sé qué chingados. Quizás queria un poco de paramandras. Y revisando un poco este nosequé me percaté de la existencia (escasa pero existencia) de mis lectores. Entes clavados de insomnio perpetuo que deshollan una incógnita impresindible como el oxígeno que se pretende respirar en la ciudad que está contaminada y con fata de dicho alimento para la sangre. Es interesane cómo nos hemos podido adaptar a más de mil docientos metros del nivel del mar, y somos un chingo, y los perros del mal santodomingueros o los del norte, están aún más arriba, con menos oxígeno y con tódo el esmog.Pero la cosa está, en que la virtera de mi cousrada me leía lo que era bajo mi tremendo esceptisismo, y pese a eso, yo se leer la mano (madame Jotitza, o su aprendíz, porque me dicen que hay una en el tec, que de plano me la mata). Y carta tras carta pasaban los escasos instantes en los que su vana explicación me demostraba un poco de cómo usar su charlatanería para poder sorprenderme. Mi cousrada no tiene la culpa de imaginar tantyo, ni yo de concentirla y además aceptar que lo que dice es muy cierto... bueno, no lo sé, me salió el corazón con tres espadas (lo que según ella, significa la disyunción entre muchos amoríos, ¿no me basta con ser un pirujo que da su cel a personas que no conoce y que le hablan a las 8 am pa presentarse? Aunque si hoy me pregutaran con quien quisiera estar, respondería que con NADIE!!! Pinches hombres comprometidos, o pinches hombres... en general!! (hayyayay!!! me estás oyendo inútil?!!).
Luego conocí la merita verdá de la que mi antagónico pensar me demostró bajo un riguroso y axiomático discurso. Hace una semana conocí el significado del bien, y todavía no me la creo, y todaía no puedo discernir entre lo que es el mal y el bien, que a mi punto de vista, solo se diferencían unos e otros por los percances o beneficios recibidos por el humano en cuestión. Todavía no sé con respecto a función de qué, puedo darle significado al bien y el mal. El davetismo me lo implora a cada página, y espero por fin, terminar ese manifiesto del sentir y pensar davetista. Quizás haya algún cegehachero que me lo pueda publicar...
Mientras tanto, veo a los mirusos en el tejado de mi caratema comiendose del agaugato de pitayas unas cuantas bocatelas.
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