jueves, 22 de febrero de 2007

Solo un poco más de tu ardor

Caminando por la calle que nunca pise de nuevo por miedo, hace menos de un mes me encontré a un conejo. Lastimado de la lástima obtenida durante toda su vida, caminaba medio cojo y un poco desahuciado. A decir verdad no lo recogí por tenerle misericordia, el me acogió en su regazo, y en esa calle vagando nos quedamos durante un par de días. Su comodidad y su lealtad instantánea calentaron mis ánimos inauditos y escrupulosamente olvidados por valores jamás entendidos. Su mirada tan neutra de maldad y vació me enseño que no había propósitos en sus palabras, poco a poco alejadas. cada vez más sentidas, sin querer comprobadas. Por mis manos pasaron los desdenes de su desdicha, y por sus brazos pasaron los saltos de mi cabeza. Me colmó de la seguridad que tanto necesitaba. Me colmé de tratarle hacer ver que no estaba muerto y que podía vivir entre toda la mierda que nos rodeaba, no conmigo, no solo, vivirla porque siempre es importante aceptar lo que nos da la vida, sea para sufrirlo o sea para quererlo.

En sus saltos, el conejo cayó en una nube, inalcanzable, insospechada, fatal que predecía un terrible impacto. Yo sólo pretendía alcanzarlo, pero mis manos nunca serían tan largas para poder alcanzarlo. Termine en el piso sólo recordando idealizaciones de momentos que pasamos juntos, entre otros cielos, entre otras chispas que ardieron y pronto se apagaron.

Hubo mucho luto en el eco de la noche que acabó en llanto, hubo dolor en el parto y en la vida, habrá dolor, porque el dolor es el combustible para la felicidad, y siempre pretendemos ser felices, creo que es instintivo, pero... ¿qué puede ser instintivo sin metáforas para un científico olvidado en sus términos?...

El conejo de las nubes está en la luna. Allá queda en el reflejo de todas las noches, en los recuerdos que no cambiarán las cosas, y no cambiarán los hechos, estará en otro tipo de tierra, alejada de todo lo que yo entienda, de todo lo que pueda entenderme, si es que eso existe. Estará solo porque así lo prefiere, porque no se dejará otra opción, porque no me dejará otra opción mas que quererlo de lejos, como algo que siempre debió de haber pasado, pero que nunca pasó en el momento adecuado. Los eclipses solares aparecen, y los lunares también, y ambos son raros, pero siempre suceden, son hechos necesarios y consecuentes, al igual que la vida, al igual que el ardor de sentirse vivo y seguir luchando por todas las cosas que queremos... y aunque hay veces que esa lucha ya está perdida desde que se nace, solo hay que saber ganar lo que hemos perdido, para no poder olvidarlo y seguir con nuestros caminos, con trote bravo, porque no hay batallas en este campo, sólo pruebas de lo que siempre nos depara la vida, paso a paso, poco a poco en un sorbo para no acabarnos la existencia.

Por eso no me niego a dejarte olvidado, por eso no pretendo ahogarte con mi sufrimiento y encontrarme con tu desdicha, no es momento de eclipsar porque no hay eclipse y no hay manos juntas que puedan separarse, no hay lazos. No necesitamos más que el apoyo de un calor, saber que se tiene un compañero al que se puede recurrir sin impedir sus actos, sin imponer sus cosas, sin forzar circunstancias que sabemos que no existen. Sólo un poco más del calor que nos hemos dado es necesario, solo un poco más de la verdad que nos hemos encontrado. No fatales demencias que nos devuelven las causas perdidas, no los corajes que han de venir para todos nosotros, solo caminar separados pero juntos para saber que estamos solos y quizás mal acompañados al mismo tiempo. No pasos juntos, no cariño insolente o falso, solo calor de quienes caminan y quieren apoyo a su vida por ser compañeros en este mundo. Sólo un poco más de tu ardor que tu ya me haz brindado...


Gracias Cognejo

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