miércoles, 4 de abril de 2007

Ese orgullo....

Me impido ser deshonezto con los que me leen. Estaba un día haciendo fiaca cursi, y caí en este hueco, así que es imposible considerarlo como algo digno de tener nombre. Hay veces que nuestra sinceridad nos duele.


¿Dónde dejaste los ojos más nulos que enviciaron mis sentidos?
¿Dónde olvidé los dientes que mordieron mis más oscuras pesadillas?
Donde estén, que estén descalzos, que estén entretenidos en su debraye.
Donde están, no me han dejado conformarme, me han olvidado olvidarlos.

¿Estás? Eres el muerto más presente y te vales de mi muerta más querida. Te presentas con todo y tu descaro disfrazado de casualidad, y con todo eso, nunca me dejas verte. Es cómo un juego de detectives que nunca empezó, estás como las causas que nuca hemos visto y creemos, como axiomas de un tétrico plan de nunca desaparecerte de mi mente.
Tu no eres, te mataste a ti mismo antes de que te conociera, y con todo eso, me subiste a un cielo muy necesitado de mi precencia, me subí al cielo que necesitaba yo para olvidar mis lutos, nos subimos a cielos similares, pero cuando caímos, ninguno de los dos pudo reconocerse.

¿Dónde se ocultan las nubes de atardeceres naranjas en la Alameda del sur?
¿Dónde escondimos los besos más lentos, sutiles y mortales en el cenart?
¿Por qué lloraste cuando te fuiste, cuando más necesitaba amarte?
¿Por qué simplemente no te encuentro, donde quiera que te encuentres?

1 comentario:

  1. Guacareante, completamente guacareante, siento nauseas hasta en las nauseas...

    ResponderEliminar