
Ya no se que es. Todo el tempo se aparece y me enloquece. Me vuelve indiferente, me castiga con desidia, mis caprichos. Ya no se lo que merezco. Desde que afronté al blanco mi alma es nula, demandada, disidente, derivada del dolor nunca afrontado, convertida en el hada que niega su dolor y se lo guarda para nunca recordarlo. Ya no se que es, ya no se lo que puedo. Antes, de mi alma se trozaban los retratos de recuerdos, las canciones que entablaban las pasiones, esas notas que pintaban mis dolores, los colores que crujieron desde adentro, desde el luto resguardado y aparentemente olvidado, desenvuelto.
Ahora sólo me refugio en mi deseo, me he vuelto adicto a un placer que me daña porque me restriega en la cara mi soledad, mi tristeza, la poca capacidad que tengo para apreciar y querer seriamente a las cosas y a las personas, mi vacío, ese vicio que me deja hueco, sin ganas, sin motivo de vida, mi anhelo.
Y mientras mas quiero compartir con alguien, más me encuentro solo, mas divago e imagino, más me torturo. Y es dolor todo lo que de mi mente sale, porque esto que tengo es un dolor delirante, estridente, olvidado, un dolor que me encarna en la distancia de ser algo nunca afrontado, en el desdén de encontrarme aquí, sin nada, sin siquiera el pensamiento estructurado, todo caótico, todo olvidado, aislado porque he dejado de creer, porque soy demasiado honesto, porque no puedo engañarme y no puedo suponer o pensar que las cosas pasan por algo que las rige y las encamina, no puedo suponer en un destino futuro ni disidente, ni puedo creer en una conciencia suprema, no puedo mentirme con ello; me asilo por eso en la derrota que le adjudican a quien nunca ha comenzado a luchar, juzgado por otros quienes han decidido por mi el derecho de decidir si quiero sus sistemas, imponiéndome una vida, una toma de decisiones, una forma de pensar, un rol, un comportamiento, una moral; evitando por todo, mi poca libertad, suplantándola por otra que ellos definen, que justifican como otredad imponente.
Me he podrido porque me he negado, porque no quiero el lugar en dónde estoy circunstancialmente, porque no me he buscado identificar con algo que ha dejado de existir, la individualidad, la independencia; me he desligado de todo porque nada me parece lo suficientemente sencillo, lo suficientemente honesto, porque todo es una gran mentira, un deterioro, una herramienta vuelta arma para someter el alma del humano, para usar de escalones a la gente, para buscar una asquerosa superioridad de quienes han nacido con ese estatus, porque no he tenido las mismas oportunidades, que ni las he quiero, ni las que he querido, porque estoy asquerosamente lleno de lo otro y he perdido lo poco que quedaba de lo mío.
He comprendido desde siempre que la propiedad es un miedo, y se que nunca me he poseído a mi, pero ahora le poseo a los demás, y mi identidad se desvanece, me enloquece el determino de la eterna hipocresía social disfrazada de pretextos que controlan, obligando a decidir, chantajeando, formando tabiques humanos para una construcción sin cimientos, una torre que no llega a ningún lugar, una torre a la que no se le ven los pilares que la detienen, una nada, un hueco que solo consume, que solo produce más caos porque así lo ordena su brutal naturaleza compulsiva de conceptos y ciencias, de religiones y dioses malinterpretados, de lógicas fundamentadas en la perdida de la esencia y hombres fatales que se drogan con poder, con la eternidad de creer y querer ser siempre el mejor, o el que es superior, o el que tiene mas para poder controlar; el anhelo del hombre de querer ser un dios sin darse cuenta de que es mas sencillo serlo sin querer serlo porque ya se es y con eso basta para ser Dios; la tremenda pesadez de la ignorancia que delata la poca capacidad del hombre para encontrarse con uno mismo y hacer comunión con todo lo demás sin perderse en el intento, ese peso que ataranta, que vuelve perros balbuceantes con toda la rabia de poder, con toda la espuma amarga de muertes, de daño, de explotación y humillación, de prostitución para el alma, de contratación desmedida y sin futuro, de odio y represión, de megalomanía compuesta por trozos de una droga que no se ve y no se vende, de una droga que cuando contamina el alma, todo se ha perdido, de la droga mas peligrosa y la que mas mata, el poder....
He descubierto el camino a esa comunión, he encontrado como llegar a lo lejano sin salirme, he visto como viajar a ese lugar en el que ya nada te afecta, en el que la vulnerabilidad se vuelve una superstición y que la moral deja de existir. He encontrado el camino a la locura que te libera y te vuelve uno, que te encuentra como el ente humano que eres, que te separa del sistema lo más que se puede, pero realmente no me gustaría ir solo. He descubierto como entender lo místico, he volado al lugar en el que el fin de una montaña se ve, lo que te enseña el panorama de la vida, lo que te deja para siempre en un estado de entera contemplación y delatora introspección eterna. Ya no se lo que es, pero me llama, me castiga a cada minuto que espero, me restriega mi miseria y me dice que puedo avanzar ya, pero no quiero hacerlo solo.
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