viernes, 23 de marzo de 2007

Carta a quien necesito



Es patético pensar lo que necesito. Se que a veces uno se desvela por el maldito insomnio existencial. No siempre se puede conceder una dicha plena. A veces si es agradable estar divagando por el rechazo a Morfeo...

¡Maldita sea! nada se tiene, nada es pertenencia, pero uno se niega a decidirse por lo más fácil que es no tener nada. Por eso nacen las necesidades.

Te necesito, no se si existas, no se si estés o me leas, pero te necesito. No requiero que me des tu compasión de amigo, no requiero que me recuerdes que vives relación con tu pareja, no quiero saber de por qué haces lo que haces, plenamente no me importa, es completamente tu problema, plenamente no me incumbe.
Necesito que me voltees a ver y que pueda saber lo que veo en tus ojos, y que no sea la maldita indiferencia, o el vacío de la ignorancia. Necesito que ese hueco en tu mirada me denote el tremendo sufrimiento que te ha causado llegar hasta donde estamos, y no por nosotros, si no por el inevitable resultado de vivir rodeado de otredad. Necesito no decir nada y que nos entendamos al estar en un lugar, necesito que vaguemos sin decirnos una palabra, sin dedicarnos algo, porque estamos concentrados en estar los dos juntos. Necesito que profeses a mis espaldas que detestas no estar a mi lado, y que cuando lo estamos, detestes no poder comprenderme, pero que aun así, seas dócil como yo, cuando estamos juntos.
Necesito sentirme suavecito a tu imagen, necesito que mi alma duerma cuando nos recostemos a descansar en el lugar más recóndito, necesito que nos soñemos juntos, que veamos una maldita película pachecos, que vivamos. Necesito que me despiertes para darme un beso cachondo, necesito de tu sexo y de nuestras sábanas revueltas, de la canción del mar para arrullarnos, para seducirnos. Necesito tu piel y tus manos, tu incondicional estancia, tu imperdonable semblante. Necesito perderte el miedo para que después de un tiempo pueda decirte las palabras de mi alma sin que reboten o se diluyan con el viento. Necesito estar sediento de tu sudor en verano, de tu carisma sarcástica, de tu intelecto aferrado, necesito que me inspires no inspirarme, que no me fije lo que te escriba, que no registre lo que te haga.
Necesito tu ardor en mi invierno, tu dolor para desahogarnos. Necesito poder ahogarnos en el escondite que más deseamos, la imaginación que ya no perdimos, pese a ser lo que ahora somos.

No sé porque no estas conmigo. Quizás porque no te encuentro, quizás porque no te olvido, quizás porque no haz existido y te eleves en lo lejano o te mantengas idealizado; quizás porque la noche no me deja olvidarte, o porque el luto me absorbe y te dio miedo. Quizás porque no tuviste el tiempo, o no quisiste concedérmelo. Quizás porque haya tantas explicaciones como palabras, que no importarán nunca mientras se exista y quizás no haya razón por la que te necesite, pero sólo porque lo siento, sé que te necesito.

No hay comentarios:

Publicar un comentario