lunes, 19 de marzo de 2007

Otra carta más a quien no he olvidado



Me puse a pensar en ti, fantasma seco, fantasma muerto en mis ideas resucitadas.
Me puse a caminar en seco y me saqué las entrañas, me puse a vagar solito en callejones lejanos para poder olvidarte y esconderte en un lugarcito de mis patrañas.
Fantasma muerto, me matas, fantasma que todo comes cuando apareces, que haces de tus pasitos secuaces, entes volátiles, ideas calumniantes.
Me puse a pensar, porque no he podido matarte, fantasma muerto que vivo te haces, fantasma ahogado, ahorcado de antes, miserable mendrugo que no te desvaneces.

Haces que mi vida se visualice en un instante, me restriegas el luto de mi alma errante, pretendiente de un destino que no le corresponde, acostumbrada a un regazo que no existe, inexistente, como tu, fantasma que todo lo comes. Consumes en charola de plata mis esfuerzos por olvidarte, el agregas un poco de suplicio con sopa de depresión. Lo gozas porque de ello te haces, fantasma demente, fantasma cobarde. Me dejas en la obsesión de tratar de volver a verte, pero sólo te desvaneces, te diluyes en un éter que convoca mis drogas, mis artes. Manchas mi vida con tus pasos, congelas momentos cálidos y me quemas en mi frescura. Fantasma ilegal, ¿de qué te haces?, ¿por qué no sólo me dejas solo?, y estancado, y colérico, y encerrado.
Quizás hace un tiempo en la playa, la primera, terminé de convocarte. Cerré nuestros lazos eternos, fantasma embriagante. Quizás en otros tiempos mi luto me impidió negarme a olvidarte. Déjame solo, solo déjame, que me siento solo. “Sólo déjame volver a verte, fantasma agonizante”, dicen mi mente y mi alma. Llorando solo mi soledad caigo dentro y soy de fuera. No estoy en el lado helado, y no llamas a mis llamas que de tu sombra se esconden. Sólo convences a mis pesares de aglutinarse solitos, en un esquema idealizado, imaginado, concebido en la mente más macabra, más enteramente idiotizada por las maravillas de la fantasía colectiva, recolectora de momentos esporádicos nunca suscitados. Resucitando a cada rato, trato de eliminarte, fantasma de mi luto más presente, fantasma muerto que quiero revivirte.
En mis sueños apareces, ayer te vi. Quisimos olvidar todo, pero el daño no se puede olvidar porque te hiere, porque te marca de por vida, porque cuando un soporte del que dependías te atraviesa el corazón, te decepciona, te mata, pero te deja muerto en vida. Después de eso, ya nada es lo mismo, ya nada se ve con la misma luz, ni con los mismos ojos. El alma se queda tuerta, se queda mal herida, y tú, y tú fantasma muerto en mi agonía, me destazas poco a poco, no me dejas matarte porque no puedo, no me dejas enfrentarte porque no existes, no me dejas calumniarte porque no te conozco, no me dejas tocarte porque te soy completamente indiferente, intolerante, arrogante entre mis pasos para encontrar mi lucha, mi lata de no poder hacer nada cuando uno se ahoga en sus fantasías.

Qué difícil resulta poder olvidarte. Que doloroso resulta tratar de sacarte, no se puede, no puedes matar a tu arte, a tu ser, a un amante ficticio de fantasías nunca cumplidas, al amante perfecto, al dolor infinito, al pudor reclamado, al fantasma de miles de brazos, y miles de soles que no terminarán de entenderte; simplemente no se puede, fantasma que todo comes cuando apareces, fantasma seco, inexistente que vuelas y te regocijas de tenerme semi-muerto. No estoy lo suficientemente vivo, no puedo dejar de pensarte, fantasma delirante, fantasma fantasmagórico de ideas inentendibles, o inaprensibles. Todo soy presión en mis días faltos de motivación. El sol sale, pero no alumbra, el viento sopla pero no aviva, la lluvia moja pero no refresca, los amigos hacen reír pero no animan. El alma de un muerto en vida no ve a sus pasos las huellas que lo perdieron de su camino. ¿Cuál camino estipulado? ¿cuál sol, cuál viento, cuál lluvia?.. la vida misma no esta viva para ti, fantasma muerto en las penumbras. Deja mi corazón, abandona mi alma… perdona mi compasión y disfruta de todas las maravillas que te da el disiparte por siempre, en lo eterno en lo fatuo, en lo enteramente inalcanzable, en lo platónico, en lo irónico de la vida. Vuélvete el recuerdo de lo que nunca ha existido, ente excitado de mi dolor y mi mente.

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